El pasado mes de octubre se estrenó en cines Mi ilustrísimo amigo, una coproducción canario-gallega que recoge los episodios más íntimos de Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, quienes durante años mantuvieron una estrecha relación epistolar y romántica. Una parte del rodaje transcurrió en una localización con mucha tradición de la Comunidad de Madrid como es Hoyo de Manzanares.
Como el cine, la literatura nos ha permitido viajar a diferentes escenarios y tiempos. Y en muchas ocasiones lo ha hecho a través de historias amorosas. La que nos ocupa el día de hoy está protagonizada por dos nombres mayúsculos de la literatura española del siglo XIX: Emilia Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa, Insolación) y Benito Pérez Galdós (Fortunata y Jacinta, Episodios Nacionales).
Todo comenzó cuando la autora gallega le escribió a Galdós en busca de consejo –se estima que ocurrió en torno al año 1881– y desde ahí mantuvieron un intenso intercambio epistolar que duró décadas, incluso durante la estancia de ambos en Madrid. “Ilustre maestro y amigo”, se lee en algunos encabezamientos de las cartas que se conservan de ella (92 en total), mientras que del novelista canario solo se conoce una, al menos de forma pública.
Son esos encabezamientos de las epístolas los que dan título al segundo largometraje de Paula Cons, Mi ilustrísimo amigo. “Me pareció apasionante que unas personas tan brillantes también vivieran sus cuerpos y esa reivindicación de lo sensorial”, explica Cons sobre lo que le interesó de esta historia.
La cinta está protagonizada por el actor canario Paco Déniz, como Benito Pérez Galdós, y por la intérprete coruñesa Lucía Veiga, en el papel de Emilia Pardo Bazán. “Creo que mi interés lo define muy bien una frase que pronunció Déniz a propósito de la película: ‘Es una historia de amor del siglo XXI, con un señor del siglo XIX y una señora del siglo XXIII’”, añade la directora.
Entre cafés literarios y vagones de tren
El rodaje empezó el 26 de mayo del año pasado y se llevó a cabo durante cuatro semanas entre La Comunidad de Madrid y Gran Canaria. Cons relata que el plan de rodaje fue ajustado, con una financiación limitada y que hubo que tomar decisiones como recortar el guion “para no andar sufriendo”, pero también afirma que grabó “muy cómoda y hubo jornadas tranquilísimas”.
La filmación arrancó en la Comunidad de Madrid, concretamente en el Parque de El Retiro. La escena incluía un carruaje, así que tuvieron que grabarla de madrugada, antes de que el recinto abriera. La realizadora cuenta que en la ciudad hubo mucha madrugada, pero también algunas jornadas nocturnas como las del Ateneo. “Para no interferir en sus actividades, allí rodamos de noche. En el Ateneo recreamos la famosísima conferencia que Pardo Bazán dio sobre autores rusos, que fue donde ella y Benito se conocieron”, aclara Cons.
Otra de las localizaciones fue la taberna Antonio Sánchez, ubicada en la calle Mesón de Paredes. Se trata del bar más antiguo de la capital y sirvió para reproducir el Café de la Iberia, uno de los tantos que Galdós frecuentaba –junto a otros personajes literarios de la época–, porque intuía que el alma de Madrid se hallaba en esos cafés, donde se soñaba con una España más libre e ilustrada.
Sin embargo, el escenario más sorprendente lo encontraron en Hoyo de Manzanares. La cineasta coruñesa recuerda que tuvieron problemas con las opciones de trenes que habían barajeado en un principio, pero en este municipio hallaron un vagón restaurante llamado El Vagón de Beni que resolvió toda complicación.
“A lo largo de la película pasan un montón de escenas entre los vagones, así que ese lugar resultó ser una maravilla total. Había un montón de trenes y aprovechamos cada esquinita de ellos”, comenta Cons. También cabe mencionar que, aunque el nombre parece guardar relación con el escritor canario, tan solo es fruto de una casualidad reseñable.
Paula Cons expresa que la Comunidad de Madrid fue “vital en esta historia”, con un montón de escenarios que no podían reproducirse en otros lugares. “Teníamos claro que Madrid era importantísimo, pero también Canarias por un tema de producción. La película es mayoritariamente canaria y el propio Galdós es de allí”, manifiesta la cineasta.
Por ello, durante las tres semanas siguientes se desplazaron a las Las Palmas para rodar en la ciudad de Arucas; a Tenerife para grabar en una casa de la Calle del Castillo; y a varias playas de ambas islas para recrear las de Santander, lugar de veraneo del novelista y donde construyó la finca de San Quintín.
Con su reciente estreno, la directora pone todo el trabajo en perspectiva y siente que “fue ingrato no conseguir todo el apoyo financiero que era necesario por parte de las instituciones”, pero que el proyecto salió adelante gracias al equipo, “mayoritariamente femenino y de una profesionalidad enorme”. Asimismo, lamenta que una película que tiene como protagonista a Madrid, no se esté proyectando todavía en la capital.
¿Qué más nos ofrece Hoyo de Manzanares?
En ocasiones, como esta que se le presentó al equipo de rodaje de Mi ilustrísimo amigo, buscar opciones en el extrarradio madrileño puede salvar más de una escena. El entorno de la sierra hoyense es un plató que ofrece infinitas posibilidades, que sirve como atalaya para mostrar Madrid Capital o la propia sierra. Algunos ejemplos de producciones que se han desarrollado aquí son las series Gigantes y Élite.
No obstante, si por algo es conocido el municipio, es por la cantidad de westerns que han acogido sus tierras. En la década de 1960, se construyeron en Hoyo de Manzanares los primeros decorados de cine estables de Europa, los conocidos como Golden City. Allí tuvo lugar el rodaje de Por un puñado de dólares, dirigida por Sergio Leone, protagonizada por Clint Eastwood y con banda sonora de Ennio Morricone. La película no solo lanzó a la fama a los mencionados, sino que inauguró el subgénero del Spaguetti Western.
Aunque en la actualidad estos decorados ya no existen, el municipio ofrece otras localizaciones para rodajes. Entre ellas destaca el Palacio de La Berzosa, actual Campus de Ciencias de la Vida de la Universidad Nebrija, que acogió en su momento el rodaje de El Internado.