El camino hacia los Premios Goya comienza mucho antes de la gala y se articula a través de un proceso que pone en valor el trabajo de decenas de cortometrajes cada año. A finales del pasado mes de octubre, la Academia de Cine hizo público el listado de cortometrajes candidatos a la nominación en las distintas categorías: animación, documental y ficción.
Este listado reúne 48 obras —15 cortos de animación, 15 de ficción y 18 documentales— que pasan a una segunda fase decisiva. Hasta el 22 de diciembre, los miembros de la Academia pueden votar entre estos títulos y, como resultado de esas votaciones, se conocerán más adelante los cortometrajes nominados que optarán finalmente al Goya en cada categoría.
En esta edición de los Premios Goya 2026, cinco de los cortometrajes candidatos han contado con el apoyo de la Comunidad de Madrid, reflejando la diversidad creativa, temática y formal del cortometraje contemporáneo español. Animación, documental y ficción conviven aquí como espacios de memoria, mirada social y exploración emocional.
Mejor Cortometraje de Animación
Carmela, de Vicente Mallols

Carmela es una pieza de animación stop motion que recupera una historia silenciada durante décadas. Ambientado tras la Guerra Civil española, el cortometraje sigue a Carmela, una mujer que se une a las milicias republicanas junto a miles de otras mujeres, defendiendo no solo un territorio, sino también las libertades conquistadas durante la Segunda República.
Su lucha es doble y profundamente simbólica: combatir el avance del fascismo y sostener unos derechos que empiezan a resquebrajarse. En medio del conflicto, una granada casera le amputa la mano con la que sostenía tanto su arma como sus ideales, una imagen poderosa que atraviesa toda la narración.
Con una duración de 14 minutos, Carmela combina rigor histórico y sensibilidad estética, y ha sido reconocida con el distintivo de especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género, subrayando su relevancia social y educativa.
Un cortometraje que utiliza la animación no como refugio, sino como herramienta de memoria, emoción y resistencia.
Mejor Cortometraje Documental
El Santo, de Carlo D’Ursi

El Santo propone una mirada íntima y serena sobre la memoria, la fe y la huella que dejan las personas buenas en quienes las rodean. Dirigido por Carlo D’Ursi, el cortometraje se construye desde la cercanía y la observación, alejándose de lo espectacular para centrarse en lo esencial.
La historia parte del regreso de un nieto al pueblo de su abuelo, un médico al que los vecinos recuerdan como a un santo. En vida ayudó a todos sin distinciones y, tras su muerte, muchos aseguran haber recibido milagros. Sin embargo, para su familia —que lo lloró cada 25 de diciembre— lo más importante no es la leyenda, sino la certeza de que fue, ante todo, un hombre bueno. Uno de esos “santos de la puerta de al lado” a los que se refería el Papa Francisco.
Con una duración de 23 minutos y calificación apta para todos los públicos, El Santo se apoya en una narración sobria y una puesta en escena contenida para reflexionar sobre la bondad, la memoria familiar y la dimensión humana de quienes dejan una marca profunda sin necesidad de reconocimiento.
Mejor Cortometraje de Ficción
La categoría de ficción reúne tres cortometrajes apoyados por la Comunidad de Madrid, cada uno con una voz propia, pero unidos por una fuerte carga emocional y narrativa.
El cuento de una noche de verano, de María Herrera

Una historia íntima y delicada que se desarrolla durante una primera cita. Inés y Guille apenas se conocen, pero entre ellos surge una complicidad inesperada, casi suspendida en el tiempo. El calor sofocante del verano parece detenerse mientras comparten una noche que podría ser solo una más… o algo diferente.
Con una duración de 22 minutos, el cortometraje se mueve en un terreno emocional sutil, donde los silencios y los gestos pesan tanto como las palabras. Reconocido también con el distintivo de fomento de la igualdad de género, la obra de María Herrera construye un retrato honesto de la intimidad, el deseo y las expectativas.
Insalvable, de Javier Marco

En Insalvable, una cena se convierte en el escenario de una tensión latente. Mauro se reencuentra con Ángel, el desconocido al que salvó la vida semanas atrás, en un restaurante de lujo que actúa como jaula elegante para una conversación cargada de silencios y miradas.
El cortometraje, de 18 minutos, plantea una situación aparentemente sencilla que se va enrareciendo progresivamente. Javier Marco vuelve a demostrar su habilidad para construir relatos donde lo no dicho pesa más que el diálogo, y donde cada decisión moral tiene consecuencias.
Una historia sobre deuda, culpa y límites invisibles.
Una cabeza en la pared, de Manu Manrique

Tres años después de la abolición de los toros en España, Rafael Jesús deambula por una ciudad que ya no tiene lugar para él. Destinado a ser figura del toreo, su identidad se desmorona junto con la tradición que daba sentido a su vida.
Una cabeza en la pared es un retrato crudo y poético de la pérdida, el desarraigo y la violencia latente que surge cuando una sociedad avanza y deja atrás a quienes no saben cómo encajar en el nuevo mundo. Con 21 minutos de duración, el cortometraje aborda un tema complejo desde una mirada humana, sin maniqueísmos ni respuestas fáciles.
El cortometraje como espacio de creación y riesgo
La presencia de estos cinco títulos en la lista de los Premios Goya 2026 pone de manifiesto la vitalidad del cortometraje como formato creativo. Lejos de ser un simple paso previo al largometraje, el corto se consolida como un espacio de libertad, experimentación y profundidad narrativa.
Desde la animación histórica hasta el documental contemplativo y la ficción íntima y social, estas obras reflejan la diversidad de miradas que conviven hoy en el audiovisual español, y el papel fundamental del apoyo institucional para que estas historias puedan contarse.
En los próximos días se conocerán los cortometrajes finalmente nominados. Mientras tanto, estas cinco candidaturas ya representan un reconocimiento al talento, al riesgo creativo y a la capacidad del cine para dialogar con nuestra memoria, nuestro presente y nuestras emociones.