Producido por Malvalanda y LaBonica Films, este cortometraje retoma varias temáticas frecuentes en la filmografía de Juan Vicente Castillejo, como las tradiciones populares o la identidad rural, y continúa con su exploración del lenguaje del cine doméstico.
Para encontrar la semilla de La fábula de la punki adolescente nos tenemos que desplazar hasta Albacete, concretamente a Barrax, pueblo natal de su director, Juan Vicente Castillejo. “Nace de la relación que tengo con mi abuela y con el pueblo de la Mancha de donde soy”, afirma. A Castillejo le interesaba explorar cómo se vive la adolescencia en un ambiente tan tradicional como punk: “Me gustaba mucho esa relación de vivir la fiesta del Día de Todos Los Santos con otras celebraciones que hay alrededor más alternativas, como el Viña Rock. Y cómo lo tradicional y lo underground pueden convivir en el mismo espacio y en sitios muy pequeños”.
En este punto es destacable su uso del lenguaje cinematográfico para contraponer la tradición con la visión contemporánea de esas celebraciones. Esto se refleja sobre todo en una escena en la que Mapi acude a una fiesta clandestina de Halloween, a la víspera del Día de Todos Los Santos, que su familia solemniza anualmente asistiendo al cementerio. “Buscaba un contrapunto entre festividades distintas, pero que tienen un mismo punto en común. Para mucha gente su religión y su fe es como una manifestación de ellos mismos, como la abuela, que quiere ir el Día de Todos Los Santos con su nieta al cementerio. Forma parte de sus tradiciones. La fiesta de la rave es también una identidad y la forma en la que Mapi se construye a sí misma”, explica Castillejo.

Mapi, la protagonista, pese a estar más alejada de las tradiciones de su abuela, se siente más cercana a ésta que a su madre. “A pesar de ver la vida de distinta manera se comprenden. Con la madre hay una relación de obligación y de que no le pase nada a la hija, mientras que con la abuela está la idea de que la nieta tiene que explorar y ver otras cosas que a lo mejor ella por la época o por circunstancias personales no lo ha experimentado. Me basé mucho en la relación que tenía con mi abuela, porque recuerdo que decía que, si ahora fuese joven, haría las cosas de otra manera”, comenta el director sobre los contrastes en las dinámicas familiares del cortometraje.
El tema de las tradiciones populares está presente en más de una obra de su filmografía, como en La Comunión de la Nena o San Roque. Al ser preguntado por la frecuencia de este tema en su filmografía, el director reconoce hablar mucho de la tradición manchega como una vuelta a los orígenes. “En La fábula de la punki aparecen para explicar las relaciones personales y cómo nos influyen esas tradiciones en la forma de ver la vida”, pero Castillejo también las ha utilizado para comprender cómo le han influido como persona y como cineasta, pues ha ido transitando “desde el rechazo de adolescente hasta la pura antropología para aprender por qué se celebra o por qué lo hacemos así”.
El cortometraje ha pasado por varios laboratorios, como el Umorea Lab de Humor en Corto o el CLM Shortfilm, que sirvieron para afinar el guion, labores de dirección y encontrar el lugar hacia el que se debería mover la película. “Creo que ahí surgió la magia del cortometraje”, el cual empezaron a desarrollar en 2019, como cuenta el director.

Tras esto, el proyecto se quedó parado dos años y empezaron a moverlo de nuevo con las ayudas de la Junta de Castilla-La Mancha, la televisión autonómica, el Ayuntamiento de Barrax y la Comunidad de Madrid. Intentaron completar la financiación con el ICAA, pero se quedaron a unos pocos puntos, por lo que optaron por la vía privada con inversores. “Esperamos los dos años para sacarlo adelante porque no me gusta comenzar a rodar sin una financiación atada, para que el equipo trabaje a gusto y la producción salga lo mejor posible”, comenta.
Otro elemento que caracteriza la filmografía del cineasta manchego es su uso del cine doméstico. En esta ocasión, trabaja con unas grabaciones que realizó hace varios años con una Super 8 en torno a la imaginería de la Semana Santa, que son las imágenes que vemos superponerse en el rostro de Mapi durante la rave. Aparte, incorpora al final del cortometraje unos vídeos grabados con su móvil en los que se ve a su madre limpiando la tumba de su bisabuelo, al que nunca llegó a conocer. “Me pareció fascinante integrar estos elementos en la cinta, que es algo que vengo haciendo desde el documental, y porque veo que introducir este tipo de metraje puede aportar un poco de realismo mágico”, señala.
Anteriormente, en La Comunión de la Nena trabajó con el origen de cine doméstico puro y duro: “Antes ibas a la casa de alguien y te ponía el vídeo de una comunión o una boda y te iba explicando las historias de la gente que aparecía ahí, es decir, las historias que no se ven en esas simples imágenes, sino en el subtexto”, cuenta Castillejo. “Aunque luego hice varias entrevistas y unifiqué todo en una sola voz para revivir esa experiencia, me interesaba cómo percibe la gente el material que está viendo”.
Actualmente, el director se encuentra inmerso en la escritura de dos largometrajes que, según especifica, “todavía están en una fase muy verde”. Pese a estas incursiones en el formato largo, Castillejo asegura que no va a abandonar el cortometraje. Al mismo tiempo está trabajando en la estrategia de estreno de La fábula de la punki adolescente, valorando cuándo es el mejor momento y en qué festival es más oportuno.
En ese sentido, la selección de Madrid en Corto ha sido clave para este acompañamiento, aunque confiesa que llegaron “derrapando”, pues cuando presentaron el cortometraje al jurado todavía no tenían terminados los efectos ni el sonido. “Nos están aportando una perspectiva muy necesaria en la distribución, porque a veces la ansiedad de estrenar puede fastidiarte el inicio de la carrera de cualquier cortometraje. Es importante tener a gente asesorándote y el acompañamiento de Madrid en Corto está siendo una ayuda fantástica”, comparte como última reflexión Castillejo.