Descubriendo los títulos de Madrid en Corto (IV): ‘Montecarlo 67’, la reconstrucción de una anécdota olvidada del Cine español

Imagen de 'Montecarlo 67', cortesía de © Claqueta Blanca

Montecarlo 67, título que forma parte del catálogo de ‘Madrid en Corto’, recrea un encuentro entro Chicho Ibáñez, Pilar Miró y Steven Spielberg. Una anécdota para la que Rubén Guindo, director del corto, y su equipo, tuvieron que investigar hasta en los lugares más recónditos en un proceso que duró más de tres años.

El cortometraje, según explica su director, nació con la idea de convertirse en “una historia muy motivadora para los nuevos cineastas a través de una anécdota muy desconocida del mundo del cine”.

El proyecto ha sido seleccionado en Madrid en Corto, lo que supone una oportunidad que el equipo ha vivido como un impulso clave. “Entrar en Madrid en corto fue muy especial, porque nos parecía que podía ser la mejor ventana de exhibición y de distribución para este proyecto”, señala Guindo, quien destaca además la fuerte vinculación del cortometraje y su equipo técnico con la Comunidad de Madrid. Esto se debe a que el rodaje se llevó a cabo en cinco días y en dos localizaciones. Una de ellas supone parte de los escenarios principales del corto: la Universidad de Alcalá de Henares. El resto del corto, se rodó Gijón. Según señala Guindo, para poder rodar en la Universidad de Alcalá fue clave la coordinación la Alcalá Film Office, que facilitó el acceso a los espacios. “Fue una de las cosas más complicadas de este corto, encontrar unas localizaciones que fueran más o menos lógicas y coherentes”, explica.

En términos de producción, el presupuesto final se situó en torno a los 40.000–42.000 euros. El proyecto contó con una ayuda de la Comunidad de Madrid de 13.500 euros, además de unos 14.000 euros obtenidos mediante crowdfunding y aportaciones de capital privado de cuatro productoras.

Imagen de ‘Montecarlo 67’, cortesía de © Claqueta Blanca

Recorrido en festivales y recepción del público

Guindo sitúa el origen del proyecto en un programa de cine donde la periodista Andrea Bermejo, mencionó la anécdota de forma breve. A partir de ahí, el equipo reconstruyó la historia con recortes de prensa y material fragmentario. La reflexión central del corto, según el director, es el valor de la perseverancia creativa: “Todos los creativos hemos pasado por ese desierto, te vienes muy abajo y dejas de confiar en tu trabajo”. Y añade una visión crítica del sistema de festivales: “Se presentan 800 cortometrajes, se seleccionan 10 y se premian 2, pero 750 se quedan por el camino”.

El cortometraje ha iniciado su distribución recientemente y ya ha acumulado reconocimientos importantes, entre ellos el premio en la Semana del Corto de la Comunidad de Madrid. “Llevamos ya otros cuatro festivales calificadores de los Goya y estamos muy contentos de cómo está arrancando”, afirma el director.

Sobre la reacción del público, Guindo destaca una respuesta especialmente positiva: “El público sale encantado, con una sonrisa y con muy buen sabor de boca”. También subraya la importancia del elemento de archivo incorporado gracias a Televisión Española, lo que además de situar la historia, aporta veracidad a una anécdota que mucha gente no cree que ocurriese de verdad: “Si no, mucha gente se quedaría como diciendo: ‘me estáis tomando el pelo’”.

El director insiste en la mezcla de emoción y humor como clave del éxito del corto: “La gente se ríe, la gente se emociona, la gente llora y la gente alucina con la historia general”.

Un proceso de investigación de tres años, metacine y el vínculo con la realidad del equipo

Uno de los elementos centrales de Montecarlo 67 es su componente metacinematográfico. Guindo explica que buscaban conectar la historia original con la experiencia del propio equipo: “Queríamos conectar esa historia del 67 con nuestra historia real, con lo que nos ha costado también a nosotros hacer cine”, algo que se refleja en escenas que rompen la cuarta pared y que hacen que el equipo tras el corto forme parte de la propia historia. En ese sentido, cita una reflexión personal que atraviesa el proyecto: “Si el propio Steven Spielberg tuvo dudas con su carrera, ¿cómo no voy a tener yo dudas?”. El cineasta reivindica además la idea de desmitificar la industria y mostrar los proyectos desde su concepción más pura y honesta: “Somos 15 personas ilusionadas con crear una historia, nada más”.

El desarrollo del guion ha sido uno de los procesos más complejos del proyecto, con tres años de trabajo y una intensa fase de investigación. “Estuve viendo 70 horas de archivo de Televisión Española”, explica Guindo, que también contactó con el propio Festival de Montecarlo y llegó a enviar una carta a Steven Spielberg, de la que no ha obtenido respuesta.

Un punto clave llegó al contactar con la familia de Chicho Ibáñez Serrador, lo que le permitió validar la historia, y es que era una anécdota recurrente que contaba el cineasta en su ámbito familiar. “Cuando encontré dos entrevistas en televisión donde Chicho contaba la propia anécdota tuve todas las pruebas que necesitaba para comenzar el proyecto”, relata.

El reto también estuvo en equilibrar el tratamiento de figuras históricas como Chicho Ibáñez Serrador, Pilar Miró y Steven Spielberg. “Había que tratar con máximo respeto las tres figuras”, señala. Sobre Miró, destaca su incorporación como figura clave en un contexto dominado por hombres: “nos parecía muy especial incluir la figura de Pilar Miró e incluirla con clase. No supimos a priori que ella también estuvo presente en ese momento. Históricamente, además, es uno en el que era muy difícil que una mujer estuviera en el mundo del cine”.

Imagen de ‘Montecarlo 67’, cortesía de © Claqueta Blanca

El valor de la industria del corto

Guindo, con cinco cortometrajes profesionales a sus espaldas, defiende el formato pese a sus limitaciones. Su trayectoria suma más de 300 selecciones y 120 premios, además de una candidatura a los Goya. “El único problema del formato del corto es que es muchísimo tiempo de preproducción y muy poco tiempo de producción”, explica. Por ello, ya trabaja en el salto al largometraje.

Sobre el apoyo institucional, el director considera que existe margen de mejora: “Falta apoyo cultural a toda la cultura en general… y muchas veces los propios organismos ponen problemas a la hora de rodar”. Aun así, reivindica la necesidad de paciencia dentro de la industria: “Hay que echarle mucha paciencia, confianza en los proyectos y perseverancia”.

El equipo mantiene la intención de hacer llegar el cortometraje a Steven Spielberg, aunque esperan hacerlo cuando el proyecto tenga mayor recorrido: “La idea es que este corto llegue a ojos de Spielberg. Pero que llegue de otra manera, más adelante. No ahora que está empezando su recorrido de verdad”.