Eva Vázquez de Reoyo, directora, guionista y productora, explora en Mañana sí que sí cómo funciona la procrastinación en la mente creativa y lo unido que esto está sin que lo sepamos con el miedo al fracaso. Su propuesta se articula a través de una comedia visual repleta de ritmo, color y, sobre todo, lo absurdo.
En Mañana sí que sí, una aspirante a escritora de best-sellers intenta terminar su novela mientras lucha contra todo aquello que la distrae de escribir. Paralelamente, los personajes ficticios de su libro esperan desesperados a que su creadora deje de procrastinar para poder continuar con sus propias vidas. A partir de esta premisa, Eva Vázquez de Reoyo construye una sátira sobre cómo la autoexigencia de los creadores se suma al agotamiento del mundo actual, desembocando en un bucle donde, realmente, no se llega a hacer nada.
“La película quería explorar cómo el miedo al fracaso se disfraza de perfeccionismo y cómo posponer las cosas puede convertirse en una forma de vida”, explica la cineasta sobre un proyecto que define como “una comedia colorida y absurda sobre la procrastinación y la pesadilla de luchar por alcanzar los sueños en una sociedad que constantemente tiende al agotamiento”. El rodaje, según nos cuenta, se desarrolló durante cinco jornadas, aunque posteriormente fue necesario realizar una segunda fase de grabación para completar algunas tomas adicionales. Según relata la directora, una de las principales complejidades estuvo en el trabajo del ritmo cómico y la precisión visual que requerían las escenas.
“La comedia visual con ese nivel de ritmo requiere mucha precisión para que haga gracia”, afirma. “En el montaje aprendí mucho sobre la dificultad del gag visual y sobre la complejidad real de trabajar el ritmo”.
La película cuenta con Alejandra Llorente como protagonista, acompañada por Miguel Pancorbo, Pascual Laborda y Rebeca Salas. La directora también destaca el trabajo de la montadora Chave Fernández, a quien atribuye un papel fundamental durante la fase de edición. “Escenas que en papel funcionaban muy bien, en montaje no sostenían el ritmo”, reconoce. Uno de los elementos centrales del corto es su identidad estética, construida a través de una dirección artística muy marcada y un uso expresivo del color. Para Vázquez de Reoyo, sin embargo, la dimensión visual nunca debe imponerse sobre el relato. “Para mí la estética es muy importante, pero la estética debe ser algo natural, nunca debe pesar sobre la historia, debe elevarla”, sostiene. “Las decisiones formales deben tener una función dentro de la narrativa”.
La directora explica además que trabaja la puesta en escena desde una lógica muy vinculada a la composición visual: “Me gusta usar el vestuario como un elemento de la dirección de arte y la dirección de arte como personaje. Incluso los cuerpos son tratados en ocasiones como atrezo”. En este apartado, destaca también la colaboración de la directora de arte Ana Corella, a quien define como “maravillosa” y “muy generosa con el proyecto”.

El cortometraje tuvo un presupuesto aproximado de 70.000 euros y contó con apoyo del ICAA y la Comunidad de Madrid, además de un respaldo inicial del ICIB durante la fase de desarrollo. La directora subraya igualmente la implicación personal de buena parte del equipo humano involucrado en la producción: “Hubo muchísimos apoyos de gente que vino a ayudar por amor”. Buena parte de la conexión emocional del corto con el público nace de experiencias personales de la propia directora. La película convierte situaciones cotidianas de evasión y bloqueo creativo en material humorístico reconocible para muchos espectadores. “Todas las situaciones del corto las he vivido yo”, admite entre risas. “Liarme a regar las plantas, ordenar la ropa del armario por colores… todo real”. Para la direcctora, la comedia funciona precisamente como una herramienta de identificación colectiva: “El corto conecta muy bien con la gente porque todo el mundo se ve identificado. La ficción también es una herramienta de complicidad respecto a la realidad y es lo guay de la comedia: que te puedes reír de tu propia vida”.
La trayectoria de Eva Vázquez de Reoyo en el ámbito publicitario también ha influido directamente en la construcción formal de Mañana sí que sí. La directora inició su carrera en Madrid en un contexto donde, según recuerda, apenas había mujeres realizadoras. “En un mundo de hombres, fue una mujer, Paloma Gardoqui, la que me dio la primera oportunidad”, explica. Desde entonces ha trabajado entre ciudades como Barcelona, Londres, Oslo o Ciudad de México, manteniendo una metodología basada en una fuerte preparación previa de cada plano. “Me gusta pensar bien las paletas de color, el casting, darle muchas vueltas a todo y que cada decisión responda a una lógica argumental sólida detrás”, afirma.
Sobre la situación actual del cortometraje español, la directora considera que las instituciones públicas están realizando un esfuerzo importante para apoyar al sector audiovisual. En concreto, valora positivamente el trabajo desarrollado por el ICAA y la Comunidad de Madrid. “El audiovisual español está viviendo un gran momento, lo que demuestra que algo se está haciendo bien desde nuestras instituciones”, sostiene. No obstante, también señala las dificultades que sigue encontrando el cortometraje para alcanzar al gran público fuera de los circuitos especializados. “Todavía tiene la tarea pendiente de llegar al gran público”, apunta, aunque destaca experiencias positivas en festivales orientados a la comedia como el Pöff de Tallin o Humor en corto de Bilbao, donde ha podido comprobar una fuerte respuesta del público.
“Esto demuestra que, cuando hay una propuesta clara y cuidada, el público responde”, concluye, recalcando que el recorrido de Mañana si que sí solo acaba de empezar, pero ya ha servido como punto de partida para el desarrollo de una futura serie. “El recibimiento del proyecto está siendo increíble”, asegura la cineasta, que adelanta además la reciente selección del proyecto en el Torino Film Lab.