Descubriendo los títulos de Madrid en Corto (VIII): ‘Unplug’, un coming of age en stop motion que reivindica la artesanía frente a la inmediatez

Imagen de 'Unplug' © Maider Letona

La selección de Unplug en el programa Madrid en Corto supone un nuevo impulso para este cortometraje de animación stop motion dirigido por Comandante Bebé (Amanda González y Rubén Canales), que nació como una pieza de apenas unos segundos y terminó convirtiéndose en una historia sobre la adolescencia, la vergüenza corporal y el crecimiento personal. Tras varios años de desarrollo y una producción marcada por la experimentación artesanal, el proyecto continúa su recorrido con el respaldo de la iniciativa de la Comunidad de Madrid.

La inclusión de Unplug en Madrid en Corto fue toda una sorpresa para sus creadores, que desconocían el grado de competitividad del programa. Sin embargo, pronto descubrieron que únicamente habían sido elegidos ocho proyectos y que solo dos de ellos eran de animación. “Que una gente te eche una mano, y que encima te digan que les gusta mucho el proyecto, te motiva en esa última etapa en la que ya estás un poco hasta arriba del corto”.

El cortometraje parte de una experiencia personal relacionada con la adolescencia y los cambios físicos. Según sus responsables, la historia aborda “el tema de que el cuerpo te cambia, de repente te huele fatal, y no sabes cómo gestionarlo”. A través de un relato de iniciación, la obra explora cuestiones como la vergüenza corporal, el bullying y la dificultad de afrontar determinadas transformaciones en un entorno tan complejo como el instituto.

“Eres un niño aunque tu cuerpo te empiece a decir que eres un adulto, y por eso, realmente, no tienes las herramientas para gestionarlo”, señalan. Aunque la idea inicial era mucho más sencilla, el proyecto fue creciendo progresivamente hasta incorporar nuevas capas narrativas. “Nos dimos cuenta de que cuando lo estábamos contando hablábamos mucho del colegio, de haberlo pasado mal, pero eso no estaba tanto en la historia. Ahí fue cuando empezó a coger más profundidad”.

Lo que comenzó como una breve cortinilla inspirada en la estética de canales como Cartoon Network acabó transformándose en un cortometraje de diez minutos con una identidad visual muy marcada. “Partió de una idea que era solo visual, algo loco, fantasioso, muy en nuestro rollo, con colores, fantasía y un poco de realismo mágico”, recuerdan.

Una producción de varios años marcada por la experimentación

La evolución de Unplug también se refleja en sus tiempos de producción. El proyecto empezó a gestarse antes de la pandemia como un ejercicio para aprender nuevas técnicas de animación y construcción de personajes. “Hicimos un personaje en silicona, que nunca habíamos hecho nada con ese material, y nos propusimos aprender a hacer moldes”, recuerdan sobre los primeros pasos del proyecto. Lo que iba a ser una prueba técnica terminó convirtiéndose en una producción mucho más ambiciosa.

El principal desafío fue trasladar al stop motion elementos especialmente complejos, como el agua, las burbujas o distintos efectos visuales. Los directores recurrieron a asesoramiento de profesionales internacionales y a un largo proceso de prueba y error para conseguir los resultados que buscaban. “Queríamos que pararas cualquier fotograma y que todo fuera real, que todo estuviera hecho en el set”, explican. Buena parte de los efectos se realizaron físicamente delante de cámara mediante diminutas estructuras construidas a mano y sujetas con agujas especiales.

Entre los retos técnicos más singulares figura la creación de un sistema de agua animada fotograma a fotograma, efectos de perfume realizados con pequeñas piezas de plastilina suspendidas sobre el personaje y un pezón luminoso construido con una bombilla de apenas un milímetro que atravesaba el muñeco de lado a lado y estaba conectado a un dimmer externo para animar la intensidad de la luz directamente en el set.

“Fue una absoluta locura”, reconocen al recordar algunas de las secuencias más complejas. “Son cositas mínimas que tenías que ir colocando para que estuvieran en la animación, pero las colocabas, soltabas y se iban a otro sitio completamente distinto”.

Un proyecto impulsado por la colaboración

La producción contó con el apoyo de diversas empresas y profesionales del sector, entre ellas Mansalva, Ácido Cítrico, Esdip, Enigma e Lag, además de numerosos colaboradores que participaron en distintas áreas de la película. Según explica Comandante bebé, buena parte del proyecto salió adelante gracias a la implicación de compañeros y amigos que decidieron sumarse a la iniciativa. “Ha habido mucha colaboración en el corto y mucha gente que, porque son nuestros colegas y les molaba el proyecto, se ha implicado muchísimo”.

La financiación principal procedió de la ayuda concedida por la Comunidad de Madrid, aunque los creadores consideran que este tipo de convocatorias todavía presentan dificultades para producciones stop motion. “Es genial que se arriesguen a sacar adelante proyectos chiquititos como el nuestro y podernos dedicar unos meses de nuestra vida exclusivamente a trabajar en el corto”, afirman. No obstante, añaden que “estas ayudas no están del todo adaptadas para el stop motion, ya que el corto se ha hecho con un presupuesto insuficiente respecto a la calidad que hemos logrado conseguir, y todo se ha basado en las ganas que hemos puesto en ello y la pasión que nuestros compañeros y nosotros tenemos por este mundillo”.

Tras varios años de trabajo, Unplug se presenta como una obra construida desde la experimentación técnica y la voluntad de mantener un enfoque completamente artesanal. Una filosofía que sus autores resumen de forma rotunda: “Queríamos que todo estuviera allí, todo construido y que todo se sintiera hecho a mano”. Y concluyen con una declaración que sintetiza el espíritu del proyecto: “Que viva la artesanía y que le jodan a la IA”.