Hablamos con Néstor López, productor junto a Pilar Sancho y director del cortometraje -apoyado por la Comunidad de Madrid a través de las ayudas a producción de cortometrajes en 2024-, para conocer todos los detalles sobre el rodaje de Polígono X y su recorrido en festivales. El corto, rodado en plano secuencia, aborda las dinámicas de la masculinidad a partir de un partido de fútbol de barrio.
En una cancha de barrio, una pachanga de fútbol de cinco contra cinco se convierte en una lucha por recuperar un territorio y reafirmar una identidad. Bajo esta premisa, a Néstor López le interesaba explorar en Polígono X qué sucede cuando sentimos que el espacio que conocemos nos pertenece. “Esa idea de propiedad hace aflorar determinados comportamientos que, cuando somos incapaces de gestionarlos, pueden acabar transformándose en agresividad o violencia hacia el otro”, explica. Aquí el espacio y la propiedad se transforman en vehículos para analizar determinados patrones de conducta relacionados con las masculinidades.
“En el fondo, Polígono X utiliza algo tan sencillo como un partido de fútbol en una cancha de barrio para hablar de cómo ocupamos un territorio, cómo creemos que nos pertenece y qué ocurre cuando sentimos que alguien viene a disputárnoslo”, continúa López, que señala la actualidad de esta temática haciendo referencia al escenario migratorio imperante en cualquier lugar del mundo.
El título del cortometraje está íntimamente ligado a su director, ya que Polígono X es el nombre del barrio donde se crio, en la ciudad de León. “La película, sin embargo, no pretende estar localizada en un barrio concreto. Mi intención era que lo que sucede pudiera pertenecer a cualquier barrio, porque las dinámicas que retratamos son bastante universales”, matiza. De ahí que pensara: “Si esta puede ser la historia de cualquier barrio, ¿por qué no ponerle el nombre del mío?”. Con el tiempo, el nombre ha adquirido más carga simbólica, porque la “X” convierte el lugar en una incógnita. Puede ser su barrio o cualquier otro.

Como el espacio es el corazón de esta película, la búsqueda de la localización más adecuada fue ardua. “Necesitábamos que coincidieran muchos factores. Por un lado, los habituales de cualquier rodaje: la orientación del sol, el control del ruido, la accesibilidad o las posibilidades técnicas para movernos con la cámara. Pero, además, necesitábamos una cancha de barrio con unas características muy concretas: tenía que estar integrada en el entorno urbano, muy próxima a los bloques de viviendas y, sobre todo, necesitábamos unas gradas, porque eran fundamentales para la puesta en escena”, detalla López. El equipo encontró casi todo eso en el barrio del Pilar, salvo las gradas, que tuvieron que construirlas específicamente para la película.
Además de dar con una cancha urbana que cumpliera con todos los requisitos, otro de los retos fue el rodaje íntegramente en plano secuencia. “Desde que empecé a construir mentalmente la película, siempre la imaginé así. Quería que el espectador no se limitara a observar el partido, sino que tuviera que jugarlo”, manifiesta. Además, comparte la contradicción que se planteó al rodar los 15 minutos en plano secuencia: “Como director intento dominar constantemente el espacio a través de la cámara, pero al mismo tiempo ese espacio es imprevisible y termina dominándonos a nosotros. Esa tensión entre controlar un territorio y descubrir que nunca puedes controlarlo completamente está también en el corazón de la propia historia”.
El rodaje duró tres días y trabajaron por bloques, con el objetivo de llegar el tercer día preparados para ejecutar el plano completo. El cineasta indica que hicieron 37 tomas en total y que la película está construida principalmente sobre la toma 36. Asimismo, revela que “existe un pequeño trucaje” que no fue una decisión cinematográfica, sino que fue la normativa la que les obligó a cambiar la concepción original del plano secuencia. “Por cuestiones legales relacionadas con la presencia de menores y la violencia que aparece en un momento determinado de la película, tuvimos que introducir un corte para poder incorporar después de los niños”, matiza.
Además de la coreografía narrativa y técnica, López remarca que para que todo funcione el casting fue fundamental. “Hicimos un street casting en el que combinamos personas sin experiencia profesional con intérpretes que estaban empezando a abrirse camino. Vi alrededor de 80 perfiles hasta seleccionar a los diez protagonistas”, exceptuando el caso de Juanjo Ballesta, que siempre estuvo en la mira del director para este cortometraje. Dice que “más que un reparto, necesitaba construir una especie de ejército: un grupo capaz de sostener colectivamente 15 minutos de película, adaptarse a lo que sucediera y seguir adelante, aunque apareciera un error”.

Trabajar con 11 actores y alrededor de cuarenta 40 figurantes delante de cámara los obligó también a contar con un equipo técnico considerable detrás. “Para un cortometraje, sostener económicamente una producción de estas características es complicado. Por eso fue fundamental sumar diferentes coproductores y apoyos, como Cvpvla Studio, Óscar Villarroya, The Other Film Production con David Torres, La Última Sensación de Isabel Soto, junto a nosotros, Filmakers Monkeys.
Necesitábamos construir la película entre muchos”, destaca el director sobre el proceso de financiación. Polígono X es el resultado de un proyecto ambicioso cuyo presupuesto ronda los 100.000 euros. “No era el presupuesto que contemplábamos inicialmente, pero las propias necesidades de la película nos obligaron a ir modificándolo”, explica López, para quien el apoyo de la Comunidad de Madrid resultó fundamental. Un apoyo que además admite que ha sido una constante en su carrera:
“No solo por la aportación económica, sino porque una ayuda pública de estas características aporta credibilidad al proyecto, suma puntos y facilita que posteriormente puedan incorporarse otros socios financieros y coproductores”. El corto, además, inició su recorrido por todo lo alto, en festivales como Málaga y Medina del Campo. Sin embargo, el director nos cuenta que “después hubo unos meses en los que parecía que al cortometraje le costaba encontrar su sitio”.
Por suerte esa racha pasó y actualmente supera las cien selecciones, ha pasado por más de cuarenta festivales calificadores para los Goya y los Oscar y acumula más de veinte premios, de los cuales, destaca, “el Faro de Plata, primer premio del Festival de Cine de l’Alfàs del Pi, uno de los grandes festivales de cortometrajes de España, y también hemos sido premiados en Aguilar”.
Además, un aspecto importante del trayecto de la producción es su relación con el público. Sin embargo, Néstor López nos sorprende al hablar de su propia relación personal con sus obras: “Yo siempre descubro cosas nuevas cuando una película se enfrenta al público. Hay algo que me caracteriza y es que, cuando termino una obra, intento no volver a verla. La veo el día del estreno y después me cuesta muchísimo regresar a ella. Cuando considero que una película está terminada, siento que deja de pertenecerme de alguna manera. A partir de ahí, lo que tenga que ser, será”. Admite, además, que le interesa especialmente conocer la opinión del público y, en el caso de Polígono X, hay múltiples interpretaciones sobre el final y las motivaciones de cada personaje, por lo que confiesa haberse dado cuenta de que “el espectador es muchísimo más inteligente de lo que a veces pensamos”.

Para un cineasta con una trayectoria tan ligada al cortometraje, López nos adelanta que ya se encuentra trabajando en su primer largometraje, que parte de Semillas de Kivu. “Lo que ocurre es que suelo meterme en proyectos que implican retos importantes y, por tanto, necesitan mucho tiempo”, explica. Es debido a esto que aún existen pocos detalles al respecto y el director prefiere mantenerse reservado, a lo que añade que “he tardado años en preparar el salto y, de repente, varios de esos proyectos están empezando a hacerse realidad prácticamente al mismo tiempo”.
Aún así, Néstor López es un profesional que pone en gran valor el formato corto y considera que, artísticamente, es un modelo en el que “tenemos la obligación de arriesgar, de proponer y de permitirnos incluso equivocarnos”. Motivos por los cuales sus proyectos tienen una mirada que va más allá de una película diseñada para gustar a todo el mundo y, con Polígono X, “quería alcanzar la máxima sensación de verdad posible y, sobre todo, no dejar indiferente al espectador”. Transcurrido el tiempo, cuesta imaginar que a Polígono X le costase arrancar y encontrar su lugar dentro del circuito con final feliz. “Finalmente, ha superado las cien selecciones y los veinte premios, además de pasar por más de 40 festivales calificadores para los Goya y los Oscar”, cuenta con orgullo López.