Cuando las localizaciones de la Comunidad de Madrid recrearon el Viejo Oeste

La Comunidad de Madrid alberga más de treinta municipios que, repartidos en cuatro Rutas de Cine bautizadas con el nombre de ‘Territorio Far West’, nos invitan a recorrer las localizaciones dónde se rodaron destacadas producciones cinematográficas del género western. Repasamos en este reportaje algunas de las más conocidas.

Los despiadados (1967)

Durante años, la Comunidad de Madrid se ha establecido como uno de los escenarios cinematográficos más importantes de nuestra geografía, donde se han rodado importantes películas tanto internacionales, como Doctor Zhivago (1965), de David Lean o Conan, el bárbaro (1982), de John Milius, así como también algunos de los filmes más legendarios de la historia de nuestro país como Abre los ojos (1997), de Alejandro Amenábar, El día de la bestia (1995), de Álex de la Iglesia o El crack (1981), de José Luis Garci. Sin embargo, una de las facetas menos recordadas de la Comunidad Autónoma de Madrid es la de haber albergado el rodaje de películas ambientadas en el viejo Oeste americano.

España acogió entre la década de los 60 y los 70 un buen número de rodajes de películas del Oeste, especialmente de spaghetti westerns, un subgénero creado y desarrollado principalmente por productores y directores italianos, que habitualmente preferían establecer en sus rodajes las localizaciones del paisaje estadounidense entre el país transalpino y España, beneficiándose del ahorro económico que ello conllevaba. De este modo, algunas regiones de nuestra geografía se especializaron en acoger este tipo de rodajes, como por ejemplo el desierto de Tabernas, en Almería, el municipio de Fraga, en Huesca, y varios puntos de la provincia de Burgos.

No obstante, más allá de los lugares más internacionalmente reconocidos donde se rodaron las principales películas de este género a lo largo y ancho de España, la Comunidad de Madrid se erige como un emplazamiento más desconocido para la audiencia general que acogió el rodaje de algunos de los títulos más clásicos del western filmados en nuestro país, especialmente en la Sierra de Guadarrama, donde algunos enclaves como La Pedriza, perteneciente al municipio de Manzanares el Real, han constituido un valioso emplazamiento para su filmación gracias a sus riscos y sus paredes de granito, que presentan una gran semejanza con los del territorios estadounidense.

Por un puñado de dólares (1964)

Uno de los ejemplos más ilustres fue el del director más reconocido de la historia dentro del género del spaghetti western, Sergio Leone, quien se desplazó hasta La Pedriza para rodar algunas escenas de El bueno, el feo y el malo (1966), junto a Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. El reputado director italiano tuvo la oportunidad de conocer esta preciada localización cuando dos años antes de iniciar su rodaje se estableció en la geografía madrileña para filmar su anterior película, Por un puñado de dólares (1964), también protagonizada por Eastwood. Algunas de las escenas más recordadas de esta cinta fueron filmadas entre las inmediaciones del río Alberche a su paso por el municipio de Aldea del Fresno, así como en la Casa de Campo.

A la sombra de Leone encontramos a Sergio Corbucci, otro de los creadores y máximos exponentes del spaghetti western, quien desplazó la mayoría de los rodajes de sus películas más importantes al territorio madrileño. De este modo, encontramos clásicos del género como Los despiadados (1967), protagonizada por Joseph Cotten, que fue rodada en los parajes cercanos al río Jarama, a su paso por la localidad de Titulcia, o Salario para matar (1968), donde Franco Nero y Jack Palance rodaron un buen número de las escenas entre los términos municipales de Ribatejada, Patones de Arriba y Nuevo Baztán. Corbucci también frecuentó otros emplazamientos madrileños tanto en el rodaje de Los compañeros (1970), de nuevo con Nero y Palance, que esta vez visitaron las ruinas del monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, junto al pantano de San Juan, perteneciente al término municipal de Pelayos de la Presa, o los acantilados del Parque Natural Los Cerros, en Alcalá de Henares, así como en el rodaje de El blanco, el amarillo y el negro (1975), donde el director italiano plasmó el árido paraje de las Salinas Espartinas, perteneciente a Ciempozuelos.

El blanco, el amarillo y el negro (1975)

Sin embargo, el spaghetti western no estuvo únicamente monopolizado por las producciones italianas, ya que en nuestro propio país también hubo un buen número de directores que se especializaron en este género. A la cabeza de todos ellos aparece el pionero Joaquín Luis Romero Marchent, a quien el director Quentin Tarantino rindió tributo en su película Érase una vez en… Hollywood (2019). Romero Marchent dirigió un buen número de chorizo westerns, que era como se le conocía a la variante española del spaghetti western, tales como El sabor de la venganza (1963), rodada entre Parla y Ciempozuelos, Antes llega la muerte (1964), que contiene unas impresionantes escenas filmadas en el puerto de la Morcuera, perteneciente al municipio de Miraflores de la Sierra, o Fedra West (1968), con parte del metraje grabada en la localidad de Robledo de Chavela.

Los pasos de Joaquín Luis fueron seguidos por su hermano menor, Rafael Romero Marchent, quien también incursionó en el western rodando en el puerto de Cotos, en Rascafría, el filme Manos torpes (1970). Otros ejemplos de directores españoles especializados en el género del Oeste que eligieron la Comunidad de Madrid como emplazamiento para ambientar sus películas fueron Ramón Torrado, quien filmó La carga de la policía montada (1964) en el término municipal de Algete, donde mandó construir un gran fuerte confederado, o el director de serie B argentino León Klimovsky, quien también transitó por el género gracias a películas como Un hombre vino a matar (1967), rodada también en Algete.

No obstante, pensar que las películas pertenecientes a este género rodadas en la Comunidad de Madrid se limitaban únicamente a las producciones tanto italianas como españolas sería un error, ya que también las grandes producciones de Hollywood eligieron diferentes puntos de la geografía madrileña para filmar muchas de sus escenas, todo ello gracias a la labor del productor Samuel Bronston, quien consiguió atraerlas prometiendo buen clima, una gran diversidad paisajística y unos bajos costes de producción. De este modo, cintas legendarias como Duelo de titanes (1957), dirigida por John Sturges y protagonizada por Kirk Douglas y Burt Lancaster, fue filmada parcialmente en la localidad de Valdemanco, perteneciente a la sierra de Guadarrama. Del mismo modo, el reputado director Robert Siodmak trajo a Aldea del Fresno el rodaje de La gran aventura (1966).

El sabor de la venganza (1963)

También las dos primeras secuelas originadas tras el tremendo éxito de Los siete magníficos (1960), de John Sturges, fueron filmadas en la Comunidad de Madrid: la primera de ellas, El regreso de los siete magníficos (1966), dirigida por Burt Kennedy, fue grabada en Colmenar de Oreja, mientras la segunda secuela, La furia de los siete magníficos (1969), de Paul Wendkos, utilizó localizaciones de los términos municipales de Villamanta y Fresno de Torote, atrayendo entre ambas producciones a estrellas como Yul Brynner, George Kennedy, James Whitmore o Warren Oates. Otros famosos westerns estadounidenses de los años 70 eligieron la rica variedad de parajes de la Comunidad de Madrid para ambientar su acción, como Tres forajidos y una pistola (1974), de Richard Fleischer, con Lee Marvin y Ron Howard, rodada en Aldea del Fresno; o la mítica El hombre de una tierra salvaje (1971), donde los papeles protagonistas de Richard Harris y el director John Huston, esta vez en su faceta interpretativa, fueron llevados a cabo en el puerto de Navacerrada, perteneciente al término municipal de Cercedilla.