En este trabajo el productor y director Carlo D’Ursi evoca la figura de su abuelo, el doctor Carlo Fortunato, a quien tras su muerte se le atribuyeron diversos milagros. Una película que se ha desarrollado a lo largo de 15 años entre Italia y España con la que explora las tensiones entre la memoria colectiva y la privada.
El Santo es el último trabajo que ha dirigido Carlo D’Ursi Fortunato. También es la obra con la que ganó el Goya al mejor cortometraje documental en la 40.ª edición de los galardones. El director vive el reconocimiento como “un apoyo a un tipo de cine que asume riesgos”, además de ser una forma de sentirse parte de la comunidad del cine español.
Además de este éxito tan reciente, D’Ursi tiene otro motivo de celebración, pues la película ha sido seleccionada en Madrid en Corto 2026. “Es una oportunidad muy valiosa para que siga encontrando público después del recorrido de premios, dentro de un programa que ha demostrado ser muy eficaz en ese sentido”, ha manifestado.
La historia sigue la estela de su abuelo, un médico que falleció a los 45 años hace medio siglo, un 25 de diciembre en Senise, un pueblo al sur de Italia de unos 3.000 habitantes. Su rodaje se ha extendido a lo largo de 15 años, atravesando Italia y España. “Ha sido un proceso muy abierto, donde muchas cosas que no están en la película han sido, sin embargo, esenciales para llegar a ella”, comentar sobre su desarrollo.

El director, que también pone la voz en off en el documental, opta por arrancar su relato como si de un cuento se tratara: “Hace muchos años vivió un hombre especial. Mi abuelo Carlo, cuyo nombre llevo en su honor. Era un médico generoso y querido. (…) No solo curaba a quien lo necesitaba, sino que a menudo ayudaba con pequeños gestos extraordinarios. Algunos incluso dicen que hacía milagros”.
D’Ursi, que ha crecido escuchando estas historias acerca de la capacidad de su abuelo para curar más allá de la muerte, le interesaba la intersección entre la memoria colectiva y la privada. “La película nace de un conflicto muy íntimo: un pueblo que necesita creer en los milagros de mi abuelo y una familia que solo quiere recordarlo como un hombre bueno”, expresa el cineasta.
En el cortometraje se muestran ambas perspectivas a través de encuentros con los vecinos de Senise y los familiares del director, cada uno de ellos con su propia visión de “el santo”. Los primeros hablan de las atenciones desinteresadas de Carlo Fortunato, de elementos sobrenaturales, de curaciones más allá de la muerte y, sobre todo, de milagros. Los otros, por su parte, prefieren hablar de bondad.
Las entrevistas a la familia del director y a sus vecinos se mezclan con imágenes de archivo de Carlo Fortunato, desde fotografías hasta vídeos donde se puede observar al doctor disfrutando de unas vacaciones familiares. El cineasta cuenta que la recuperación de este material ha sido “un trabajo casi arqueológico”. “El material estaba muy deteriorado, guardado en cajas desde la muerte de mi abuelo, junto a su moviola y su cámara. Recuperarlo ha sido también una forma de reencontrarme con él”, detalla.
Más allá de indagar en sus raíces y acercarse aún más a la figura de su abuelo, la cinta también se construye como una forma de transmitir una herencia a sus hijos, “de tender un puente entre su bisabuelo y ellos”. “Con el tiempo, se ha convertido en una carta de amor a ellos y a la familia que hemos construido”, señala.

En la filmografía de D’Ursi –ya sea como director, productor o actor– la figura del médico ha aparecido en varias ocasiones. En La Felicidad (2007), encarnaba a un prestigioso médico que era destinado a un pequeño pueblo de la Alcarria tras finalizar la Guerra Civil. Diez años después, en Tabib. El último pediatra de Alepo (2017), utilizaba las imágenes de la cámara de seguridad del hospital de Al Quds durante un bombardeo para reconstruir los últimos minutos de vida del pediatra Mohamed Wasim,
En este sentido, cabe preguntarle si la figura de su abuelo ha sido una presencia constante e inconsciente durante toda su carrera. “Es una lectura que no había hecho de forma consciente, pero tiene sentido. Me interesa mucho la figura del médico como alguien que cuida, más que como alguien que cura. Es una presencia que, de algún modo, atraviesa mi trabajo”, confiesa.
En última instancia, el cineasta ofrece una breve reflexión sobre sus intereses como productor de Potenza Producciones, con Chicas tristes entre sus obras más recientes, y como director: “Como productor me interesa un cine que dialogue con la sociedad y con el mayor número de espectadores. Como director, intento sostener esa misma exigencia, aunque desde un lugar más íntimo y, a veces, más duro conmigo mismo”.